domingo, 11 de abril de 2010

El “protocolo” estilo Obiang, según un importante diario israelí


Benjamin Netanyahu entró a las 17.34 horas del miércoles en la Casa Blanca henchido de autoconfianza ante la oportunidad de arreglar las cosas con EE.UU. y salió tres horas y media después desencajado, directo a la Embajada israelí para tratar de digerir con los suyos la que puede ser la encrucijada más difícil desde su vuelta al poder.

Sobre lo que ocurrió en el Despacho Oval, Washington guarda hermetismo. Pero no así Israel, donde fuentes cercanas al primer ministro israelí filtraban los detalles de un encuentro que la prensa de Tel Aviv no ha dudado en llamar «emboscada», en el que Barack Obama «humilló» a su invitado por la desafiante expansión colonial. Y en el que además, según ha trascendido, el presidente norteamericano enumeró 13 exigencias y reclamó a su interlocutor contestarlas ya con decisiones «prácticas», y por escrito, que permitan conducir a un acuerdo final con los palestinos en dos años. Aunque ello cueste a Netanyahu el colapso de su alianza de Gobierno con los ultraderechistas.

«La cultura de las mentiras ha terminado», sentenciaba el analista Ben Caspit en su columna del diario «Maariv». «Todo el mundo entendió que, esta vez, Obama tiene a Netanyahu contra la pared», resumía Shimon Shiffer en el «Yedioth Ahronoth», donde apuntaba que EE.UU. ha presionado con lo más sensible para el «interés vital» de Israel: dejar solo a Netanyahu ante la amenaza de Irán.

«Como Guinea Ecuatorial»

Ese diario, el de mayor tirada de Israel, era el que ayer recreaba fotograma a fotograma la presunta secuencia puertas adentro de la Casa Blanca. Sin cámaras, sin testigos, el mandatario judío recibió -según el rotativo- «el trato reservado al presidente de Guinea Ecuatorial». Obama llegaría a interrumpir la reunión para ir «al ala residencial [de la Casa Blanca] a cenar con Michelle y las niñas», dejando plantado a Netanyahu con un «voy a estar por aquí, si hay novedades házmelo saber».

El desaire se produjo después de 90 minutos infructuosos. Las «ideas generales» y «teóricas» ofrecidas por el israelí en respuesta a la pregunta de qué estaba dispuesto a hacer para rescatar las abortadas «negociaciones de proximidad» con los palestinos, agotaron la paciencia del norteamericano.

Pero no sólo eso. Obama interrogó a Netanyahu acerca de la aprobación horas antes del permiso para edificar 20 nuevos apartamentos en Jerusalén Este y Netanyahu dijo otra vez no saber nada. Trató de excusar la coincidencia remitiéndose a la imposibilidad de conocer por adelantado en qué momento culminan los complejos trámites de autorización urbanística. Obama se echó la mano al bolsillo y le mostró un detallado «organigrama describiendo el proceso de aprobación de las construcciones en Jerusalén».

«Fue horrible», concluía un congresista norteamericano citado por el periódico. Y más cuando en Washington todavía no se habían apagado los ecos de los dos mensajes lanzados por Netanyahu a su llegada: uno, que «construir en Jerusalén es igual que hacerlo en Tel Aviv». El segundo, su advertencia de que, si los palestinos insisten en pedir la congelación de las colonias, las conversaciones de paz podrían retrasarse un año.

Netanyahu aprovechó el receso para verse con sus asesores y con su ministro de Defensa, Ehud Barak, en la sala Roosevelt. Después se encontraría de nuevo con Obama durante 25 minutos. Al término, en contra de lo acostumbrado cuando se trata de reuniones entre líderes, la Casa Blanca no emitió comunicado alguno. Y en contra de lo que ha sido la tradicional cortesía entre aliados, el «Haaretz» señalaba ayer que el presidente norteamericano despidió al israelí advirtiéndole que no se marchara del país sin dar respuesta a sus demandas.

«Gracias al Creador»

Entre las peticiones de Obama están que la actual moratoria parcial y limitada a la construcción en los asentamientos se prorrogue y se amplíe a Jerusalén Este, que se liberen presos palestinos y ese plazo de dos años para alcanzar un acuerdo final de paz. Como novedad, se ha añadido que Israel retire su presencia militar de Cisjordania, que deberá quedar bajo responsabilidad exclusiva de la Autoridad Palestina en los términos anteriores a septiembre de 2000.

Comentarios de Ehud Barak en Washington advirtieron que la coalición de Netanyahu nunca aceptará. Sin ir más lejos, el ministro responsable de las autorizaciones urbanísticas y jefe del Shas, Eli Yishai, daba ayer «gracias al Creador» en una entrevista por haberle dado «el privilegio» de haber construido «miles de viviendas en Jerusalén».

El partido opositor de Tzipi Livni ha empezado a ofrecerse para sustituir a los ultraderechistas en el gabinete si hay oportunidades de paz por delante, pero no para que Netanyahu «sobreviva».


Fuente: www.abc.es