martes, 1 de junio de 2010

Obama, Nigeria y la Democracia en África


No hay que perder de vista la evolución política en Nigeria, cuando este gigante de 150 millones de habitantes tose, se produzca una subida de los precios de la gasolina y del gas. A pesar de sus graves problemas étnicos entre el norte musulmán y el sur cristiano o las actividades de la misteriosa guerrilla del Mend contra sus plataformas petroleras, tiene el peso específico que requiere imponer su voz en los asuntos de África frente a las largas manos de Francia, EE UU o China y sus dirigentes han demostrado que tampoco les falta voluntad para ejercer este papel de liderazgo tanto si se trata de su patio trasero, donde tiene su hueco la minúscula e hispana Guinea Ecuatorial, como si se trata de dejar huella en los asuntos relevantes para la Unión Africana como es el conflicto del Sáhara Occidental.


A principios de mayo, la federación nigeriana tuvo que enfrentarse a la sucesión del presidente Yar'Adua, muerto tras una larga enfermedad que lo había mantenido durante seis meses fuera del país, en un centro hospitalario de Arabia Saudí. Hacía meses que se sabía que Yar'Adua estaba condenado y que no iba a volver a su silla de presidente. Por eso, la interinidad del vicepresidente Goodluck Jonathan se había hecho excesivamente larga por los riesgos que entrañaba para la vulnerable estabilidad de la federación cualquier vacío de poder. No es que Jonathan se hubiese mostrado incapaz de afrontar el reto pero, la mera apariencia de un vacío de poder estaba desencadenando peligrosas luchas de poder sobre el telón de fondo de las tensiones étnico-religiosas que, cíclicamente, acaban en matanzas cuyas víctimas mortales se cuentan en Nigeria siempre con un mínimo de tres ceros.


El principal problema para la autoridad de Jonathan era que, aunque constitucionalmente le correspondía a él, en calidad de vicepresidente, tomar las riendas para sustituir a Yar’Adua, en Nigeria rige el principio de la alternancia que prevé que cada dos mandatos se alternen un presidente musulmán y un jefe de Estado. Como Jonathan es cristiano, varias voces cuestionaban su sucesión en base a los siguientes argumentos: 1) que para evitar poner en peligro la unidad del estado había efectivamente que nombrar de una vez a un sucesor de Yar´Adua que acabase con esa situación provisional y 2) que para resolver el problema y cumplir con la constitucionalidad no debía ser Jonathan el sucesor, sino que había que pensar en un sustituto musulmán.


La familia de Yar'Adua también contribuyó a alimentar este dilema con un inexplicable silencio sobre la salud y evolución del presidente. El resultado fue que se comenzó a barajar como posible candidato al ex hombre fuerte de Nigeria, Ibrahim Badamais Babangida, que ya estuvo en el poder entre 1985 y 1993, al frente de una dictadura militar que ha dejado muy malos recuerdos por su corrupción y por sus atrocidades, especialmente entre las poblaciones del sur.


El ex dictador militar, también conocido como “el genio del mal”, permanece aparentemente retirado desde las polémicas elecciones de 1993 que auparon al poder al cleptócrata Sani Abacha, el que abrió la puerta de la riqueza petrolera nigeriana a las multinacionales francesas que habían quedado marginadas de este reino de la explotación anglosajona desde la guerra de Biafra (los politicos nigerianos nunca perdonaron a Francia que jugase la carta del secesionismo a cambio de las explotaciones petroleras que se concentran en el golfo de Biafra).


A Babangida parece que le apetece mucho volver al escenario y todo apunta a que está moviendo muchos hilos para lograrlo. Tiene sin embargo un problema y es que, al parecer, el mantenerse en la trastienda de la política nigeriana es la condición que le impusieron a cambio de no revolver en la basura del pasado en relación al origen de su fortuna y las violaciones de derechos humanos cometidas durante su régimen. De hecho, la sola posibilidad de su regreso a una responsabilidad de gobierno despierta una gran indignación entre los nigerianos del sur, que reivindican haber sido los principales sufridores de los desmanes de Babangida.


Pues héte aquí, que el pasado febrero, justo cuando Jonathan acababa de dar el primer incierto paso hacia la presidencia, asumiendo la presidencia interina, dos enviados de Obama (el subsecretario de Estado para Asuntos Africanos, Johnny Carson y el embajador estadounidense en Abuja Robin Sanders) fueron a visitar a Babangida a su casa en Minna, en el estado de Níger (centro de Nigeria y a 150 kilómetros de la capital, Abuja). Qué casualidad que también andaban de visita por Nigeria (aparentemente por otros motivos) el ex presidente George W. Bush y su ex secretaria de Estado Condoleezza Rice.


En cualquier caso, como cuentan en Pambazuka, la visita levantó ampollas porque, aunque se supone que era secreta y no supo nada del motivo del encuentro, al ser descubierto y preguntado sobre el por qué ir a rendir pleitesía justamente a Babangida, Johnny Carson se descolgó con una declaración que se convirtió en un bombazo en la prensa africana: «Nigeria necesita un dirigente fuerte, eficaz y con buena salud con el fin de garantizar la estabilidad del país y para cumplir los numerosos retos políticos, económicos y de seguridad de Nigeria». Como no es ningún secreto que Nigeria es un país altamente sensible para EEUU por ser su tercer suministrador de petróleo y su papel de buen aliado en el continente africano, la declaración fue interpretada como un espaldarazo de Obama a Babangida frente a Jonathan. El escándalo sirvió para desempolvar el feo historial del ex dictador y para acusar a Obama de favorecer a un impresentable olvidándose de los compromisos con los que el pasado julio, abogó en Accra por la causa de la democracia en África.


Lo curioso es que el Jonathan acababa de viajar a Washington (su primera visita nada más asumir el cargo como interino y con el presidente todavía vivo) y allí había hecho público en un programa de gran audiencia las dificultades a las que se enfrentaba su Gobierno entre otras cosas por el ninguneo de la familia de Yar' Adua, que mantenía aislado al enfermo, sin que pudiese contactar con nadie del gobierno, incluido su vicepresidente. Cabía esperar que en Washington hubiesen atendido a sus ruegos y hubiesen pensado hacer algo para echarle una mano. Pero sin duda, si Obama hubiese apoyado a Jonathan, los dirigentes musulmanes (ya muy críticos con EEUU por meter a Nigeria en la lista de países con peligro de terrorismo yihadista), se lo hubiesen tomado muy mal y su disgusto hubiese acabado probablemente en una batalla campal callejera con los cristianos.


En cambio, la indignación frente a la injerencia del imperialismo americano a favor de Babangida ha tenido un interesante efecto acomodador: los representantes nigerianos en la Asamblea Nacional y los gobernadores convirtieron en un asunto patriótico el “sí” a un cambio de ley que legitima la sucesión de Goodluck Jonathan frente a los que seguían poniendo peros con la coartada del respeto al sistema de alternancia; logrado este reconocimiento, el nuevo presidente ha restablecido el equilibrio étnico nombrando como vicepresidente a Namadi Sambo, un empresario del norte y practicante musulmán que ocupaba el cargo de Gobernador del Estado de Kaduna; por su parte, Babangida se ha quedado por el momento sin la oportunidad de poder convertirse en el hombre fuerte de Nigeria sin pasar por las urnas pero, a cambio, ahora, habla abiertamente de sus aspiraciones a ser candidato en las elecciones de 2011. Si por fin se decide a ello, su problema será cómo librarse del estigma de favorito del imperialismo yanki.


P.D. Apuntes sobre Guinea. Mafuti, sí estaba al tanto del escándalo que supone que la Unesco, con nuestros impuestos, se preste a dar lustre y gloria al dictador Teodoro Obiang con un premio "científico" que lleva su nombre. Pordomingo, por ejemplo, alertó sobre ello con este artículo. Gracias, sin embargo, por recordarme con tu comentario en la página del 9 de mayo que habría que darle toda la publicidad posible a la recogida de firmas de protesta. Todo el mundo debería firmar en contra por solidaridad con el pueblo guineano y, también, por la buena salud de instituciones que se supone que deberían dedicarse a apoyar la paz y la justicia y no a enaltecer a un tirano cleptócrata. Añado que, igualmente indignante y mosquente me resulta que, también con nuestros impuestos, el Gobierno español (con la complicidad del PP y el PNV, entre otros) esté costeando el sistema burocrático de Obianga como explica este artículo que me envió Óscar. Como si Guinea fuese pobre de solemnidad y no el Kuwait de África. Como si con la situación que tenemos en términos económicos nos pudiésemos permitir este tipo de regalos a un régimen criminal cuyo presidente se dedica a saquear los ingresos del petróleo para coleccionar mansiones y coches de lujo a millón de euros (mínimo) cada uno.


Fuente:


http://enarenasmovedizas.blogspot.com/2010/05/obama-nigeria-y-la-democracia-en-africa.html