jueves, 30 de julio de 2015

Obama reclama a los autócratas africanos que sepan dejar el poder.

 

"No entiendo por qué quieren quedarse tanto tiempo, especialmente teniendo tanto dinero"

Es el primer presidente de Estados Unidos en dar un discurso ante la Unión Africana

No siempre es fácil interpretar los aplausos. Especialmente, los que recibió el presidente de Estados Unidos este martes cuando en un discurso ante la Unión Africana en Addis Abeba (Etiopía) cargó contra la ambición de sus líderes de permanecer en el poder. “El progreso de África está en riesgo cuando sus líderes se niegan a irse al acabar sus mandatos”, dijo Obama. El presidente utilizó el humor en esta cuestión: “No lo entiendo. Yo estoy en mi segundo mandato. Ha sido un privilegio. No puedo imaginar un honor mayor o un trabajo más interesante. Pero de acuerdo con la Constitución, no puedo presentarme otra vez. Y de hecho creo que soy bastante buen presidente, creo que si me presentara ganaría, pero no puedo”.

Los aplausos y risas continuaron mientras Obama decía: “No puedo esperar a la vida después de la Presidencia. En definitiva, no entiendo por qué la gente quiere quedarse tanto tiempo”. Y remató diciendo: “Especialmente cuando tienen tanto dinero”.

En la Unión Africana están representados 54 países. África no tiene la exclusiva de los presidentes adictos a la reelección pero sí algunos de los más notables ejemplos como República Democrática de Congo (Joseph Kabila), Argelia (Abdelaziz Buteflika), Guinea Ecuatorial (Teodoro Obiang) o Ruanda (Paul Kagame). El presidente norteamericano puso dos ejemplos concretos de transición. El de Burundi, donde el presidente Pierre Nkurunziza acaba de ganar unas elecciones en medio de una crisis de violencia por su insistencia en presentarse a un tercer mandato. Y, en el extremo contrario, el ejemplo de Nigeria, donde el presidente Muhamadu Buhari acaba de protagonizar el primer relevo democrático pacífico en el país desde 1999. Buhari fue recibido la semana pasada en la Casa Blanca. En otros países, como su anfitrión Etiopía, Obama se limitó a reconocer que las últimas elecciones se habían celebrado sin violencia. “Es un principio”, dijo.

“Cuando un líder trata de cambiar las reglas en medio del partido para permanecer en el poder, se arriesga a la inestabilidad”, resumió Obama. “A menudo, este es el principio hacia un camino peligroso. A veces oyes a líderes decir ‘soy el único que puede mantener unido a este país’. Si eso es así, ese líder ha fracasado en la verdadera construcción de la nación”. Obama puso como ejemplos a George Washington y a Nelson Mandela como líderes que no solo pusieron a su país de pie, sino que dieron pacíficamente el relevo a otros.

Obama concluyó este martes su gira de cuatro días por dos países clave para la estabilidad en el África subsahariana. En Kenia puso en el foco mundial la economía más grande del este de África, donde pidió más esfuerzos contra la corrupción y la discriminación social para que no frenen las posibilidades del país. Kenia era además el viaje más personal de su carrera, al ser la tierra de la familia de su padre, clave en la forja de su biografía. En Etiopía, el presidente de EE UU pidió un mayor compromiso con la democracia de un Gobierno con oscuro currículum en materia de libertades y respeto a la pluralidad política. Ambos países recibieron el espaldarazo inequívoco de EE UU como aliados militares para frenar la expansión del terrorismo islamista desde la vecina Somalia, su principal relevancia estratégica para Occidente.

El discurso en la Unión Africana fue una extensión a todo el continente de estas cuestiones, con una especial incidencia en el respeto y empoderamiento de las mujeres y las niñas africanas. África no podrá avanzar, aseguró el presidente Obama, mientras las niñas sufran mutilación genital, matrimonios infantiles forzosos o discriminación en el acceso a la educación.

En el que probablemente será su último viaje a África como presidente, Obama alabó las posibilidades de la región que más crece en el mundo y se ofreció como socio comercial y político. Pero también puso al continente frente a sus carencias y desafíos. Por primera vez, no era del todo un líder extranjero el que aleccionaba a los africanos. El discurso empezó diciendo: “Estoy frente a vosotros como un americano orgulloso de serlo. También soy el hijo de un africano”.