domingo, 26 de septiembre de 2021

EL TRANSITO A LA DEMOCRACIA EN GUINEA ECUATORIAL, UN RETO Y UNA ESPERANZA


Redacción El Confidencial


El reto mas importante al que nos enfrentamos los guineanos, es la consolidación de un estado democrático y de derecho en nuestro país. Hemos de advertir que no es una tarea fácil, ni un camino de rosas; es una autentica prueba de fuego para nuestros convicciones y principios democráticos. 

Aun con esa dificultad, la que entraña un acuerdo entre todos los actores políticos para llevar la normalidad a nuestro país, contamos con una importante fuerza movilizado: el exilio. El numeroso exilio guineano, el de los disidentes y expulsados de la dictadura, aquellos que han preferido marchar hacia un futuro incierto, lleno de privaciones y penalidades, antes de servir a la dictadura o tener que agachar la cabeza ante Obiang, se ha convertido en la gran palanca que removerá al conjunto del pueblo para alcanzar todos juntos nuestro futuro en democracia. 

La libertad del exilio nos ha permitido poder denunciar claramente y sin coacciones todas las maldades de la dictadura, somos una potente voz que clamamos por la dignidad de nuestro pueblo y por el fin de la exclavitud que nos ha impuesto la dictadura.

Echando una mirada a este exilio, vemos mujeres y hombres aguerrido, valientes, inconformistas, arriesgados, todos con un denominador común: un gran amor a nuestro pueblo y un gran deseo de libertad y de democracia.

 

Los que llevados por nuestras firmes convicciones democráticas estamos soportando el calvario del exilio, nos llena de irritación que partidos que se dicen democráticos anuncien su participación en las elecciones que convoca la dictadura. Esta actitud supone una burla para los que hemos arriesgado la vida por amor a la libertad y una forma de contribuir a lavar la imagen internacionalmente al dictador. 

Es bueno recordar que ningún tirano ha traído la democracia a su país y que el camino a la libertad de estos pueblos, solo se ha iniciado cuando el dictador ha desaparecido, bien por su fuga del país, bien por levantamiento del pueblo contra este,  o por muerte del propio dictador. 

También es necesario recordar que ningún país ha encontrado estabilidad política,  democracia y paz social después de una dictadura, que no haya iniciado un tránsito pacífico hacia la normalidad democrática. Pero este proceso ha requerido siempre el concurso de todos los estamentos sociales, un gran consenso entre todos los habitantes y la determinación de dar la espalda a los modos y prácticas dictatoriales, asumiendo las normas de la democracia. 

Para llegar a un acuerdo social y político, hay que cerrar la fractura que la dictadura ha producido en la sociedad: unos tendrán que pedir perdón por haber estado al lado del dictador y otros tendrán que intentar perdonar. Una verdadera reconciliación nacional, junto al acatamiento de la ley, al respeto de las opiniones de los demás, aunque sean contrarias a las nuestras, la convivencia en paz, el respeto y la observancia de los derechos fundamentales de las personas, serán las normas  básicas que orienten el nuevo estado democrático y de derecho.  

Existen muchas democracias en el mundo que se han podido fraguar después de la muerte del dictador, el ejemplo mas cercano fue el de la propia España, en la que el antiguo régimen permitió la apertura a las libertades. También la mayoría de los países hispanos, los denominados latinoamericanos, han llegado a la democracia desde dentro, siendo los propios regímenes dictatoriales los que lo permitieron. Tal es el caso de Chile, en el que la última dictadura militar liderada por Augusto Pinochet, entregó el poder  a las fuerzas armadas, y estas a su vez se lo entregaron al presidente elegido democráticamente, Patricio Aylwin. 

En Argentina, después del denominado Proceso de Reorganización Nacional, caracterizado por cuatro gobiernos consecutivos presididos por una Junta Militar (1976-1983), dio paso a la elección de Raul Alfonsín,  primer presidente democrático. 

Teniendo en cuenta la experiencia acumulada, no es nada disparatado iniciar en Guinea el camino que otros países han andado, apostando por una transición  pacífica, ordenada y tranquila, en la que estén implicados todos los guineanos, con el concurso de la comunidad internacional, que presionaría a la dictadura  para que permita la apertura democrática y actuaría de árbitro en el proceso.  

Ya que estamos llamados, obligados diríamos, a dialogar para llegar al entendimiento y al consenso, será necesario que actuemos conforme a los principios democráticos, desterrando de nuestro comportamiento, la mentira, la calumnia, las posturas intransigentes, los insultos y las descalificaciones, actitudes estas inoculadas por la propia dictadura.  

El revanchismo y el ajuste de cuentas entre la población o la actitud cada vez más violenta de un régimen dictatorial en plena descomposición, nos pueden llevar a los guineanos a un callejón sin salida y a una escalada de violencia, que haría imposible cualquier intento de normalización democrática. 


El proximo 12 de Octubre podemos demostrar nuestro compromiso con la libertad de nuestro pueblo, acudiendo de forma masiva a la manifestación convcada  Madrid.