domingo, 7 de junio de 2020

LA TRANSICIÓN QUE ANSIAMOS Y ESPERAMOS TODOS

                                     Severo Moto sigue siendo el candidato de la reconciliación

Redacción El Confidencial 

En ciencia política, existen múltiples fórmulas para abordar el análisis de las transiciones. Según el criterio que elijamos tendremos diferentes tipologías y la política comparada se encarga de elaborar unos marcos generales para su análisis. Uno de los prismas más empleados es el de el grado de control en el proceso de cambio de las diferentes partes involucradas. De esta forma contamos con transformaciones, reemplazos y traspasos. La casuística reciente suele alinearse en torno a las dos últimas tipologías. De hecho, si acortamos la mirada a la última década, encontramos prácticamente que todos son reemplazos. Esto quiere decir que se trata de procesos de cambio político marcados por la ruptura y en los que el nuevo grupo dominante es el que marca las pautas para el traspaso de poderes y la formación del nuevo marco constitucional.

En prácticamente la totalidad de los casos de reemplazo, la violencia es uno de los factores condicionantes para el cambio. Como hemos podido observar por la Primavera árabe, no existe correlación necesaria entre revolución y democratización. Es decir, controlar el cambio político no es garantía de democracia, ni de justicia, ni de reparación. De hecho, en muchos casos, termina suponiendo la sustitución de un régimen autoritario por otro de similares características o por una situación de vacío de poder que es aprovechada por otros grupos para desestabilizar el nuevo régimen y acabar con las expectativas de cambio (véase el caso de Libia). 

Puede parecer que, en procesos de cambio político más parecidos al traspaso, donde la parte saliente tiene voz y en cierto modo su vinculación al proceso es necesaria, se resta credibilidad al resultado por estar vinculado al antiguo régimen. Sin embargo, existen ejemplos que nos demuestran que la colaboración del poder saliente puede suponer garantía de paz en el proceso, vigorizar la legitimidad del proceso constitucional e incluso una mayor credibilidad de cara al exterior. Esto no quiere decir que no se deban establecer mecanismos de rendición de cuentas, justicia y reparación para las víctimas. 

El encuentro y la reconciliación  ha sido siempre la filosofía subyacente y la línea argumental del programa del Partido del Progreso, ya desde su nacimiento y después cuando llevó su mensaje a Guinea Ecuatorial, en la persona de su Presidente Severo Moto, junto a los primeros guineanos que se afiliaron al partido en aquellos momentos. Por este motivo podemos afirmar, que la reconciliación y el encuentro son parte del ADN del Partido del Progreso y el leitmotiv de su mensaje. 

Sin encuentro y sin reconciliación no será posible crear una Guinea para todos. Es ese el motivo por el que, desde hace algún tiempo,  hemos venido orientando nuestros esfuerzos en sistematizar un modelo de transición a la democracia en la que nos veamos implicados y representados todos. Este ha sido el objeto y el contenido del trabajo de un grupo de cuatro partidos opositores exiliados, del que formamos parte, que han venido reuniéndose y trabajando en estos últimos años, en torno a un  modelo de transición a la democracia, ordenado, pacífico e institucional, que debe requerir para llevarlo a cabo, la aceptación y el concurso de todas las fuerzas políticas y sociales de nuestro país.       

Lo que ningún modelo de análisis puede explicar es las ganas de un país que lleva décadas enlazando una dictadura con otra, de encontrar paz y libertad en un sistema democrático. Guinea Ecuatorial desea la democracia. Desde dentro, por los compatriotas que viven bajo el miedo y desde fuera, por los otros miles condenados al exilio. 

Desde el Partido del Progreso llevamos años pidiendo elecciones justas y democráticas, que es lo único que garantizará derechos y libertades. Ahora que, por fortuna, esto puede ser una realidad, no podemos caer en la irresponsabilidad del radicalismo. Si hemos aguantado todo este tiempo, podemos permanecer unidos a la espera de democracia, justicia y reparación, en ese orden. No nos dejemos embaucar por la ansiedad de venganza y ampliemos la mirada, porque es más lo que podemos ganar.