viernes, 12 de abril de 2019

EL TRANSITO A LA DEMOCRACIA EN GUINEA ECUATORIAL, UN RETO Y UNA ESPERANZA


Partido del Progreso, exilio guineano forzado en España, 23 de Marzo de 2019.-"El régimen dictatorial de Guinea Ecuatorial es completamente inviable y su prolongación en el tiempo solo traerá consecuencias nefastas para el futuro de nuestro pueblo. La dictadura está fuera del tiempo y se encuentra en un callejón sin salida, ya que sus intentos para encontrar relevo en alguno de sus hijos han fracasado y de seguir adelante supondría iniciar un periodo de enfrentamientos entre sus propios clanes. A Obiang Nguema solo le quedan dos salidas: seguir adelante, a golpe de violencia, esperando que en algún momento pueda ser asesinado por uno de sus hijos, caiga bajo un golpe de estado, como el que hiciera contra su tío Macías, o negociar su salida con la Oposición Democrática.
Desde hace años la oposición democrática exiliada ha recibido peticiones por parte de la dictadura para llegar a un acuerdo, utilizando diferentes interlocutores, a través de mensajes directos o cruzados, sin que ninguno de ellas prosperara. En todos los casos las ofertas del dictador se concretaban en que los partidos exiliados tendríamos que volver a Guinea Ecuatorial y sumarnos al PDGE, a cambio de dinero y prebendas.
Si nuestro exilio encuentra un sentido, a parte de permanecer a salvo de la zarpa asesina de Obiang, es el de negarnos a participar en las elecciones fraudulentas de la dictadura y el de rechazar formar parte de su gobierno o de sus instituciones, que sería una forma de legitimar el régimen.
Con estas premisas es una obligación de la Oposición Democrática Exiliada actuar de manera prospectiva, e intentar una salida pacífica e institucional a la dictadura, evitando siempre una situación violeta que desemboque en un derramamiento de sangre inocente."

Así comienza el preámbulo de la PROPUESTA DE LEY DE TRANSICION A LA DEMOCRACIA EN GUINEA ECUATORIAL, que el Partido del Progreso, junto a otros partidos ha elaborado y presentado a la comunidad internacional. 
Es necesario recordar que ningún país ha encontrado estabilidad política,  democracia y paz social después de una dictadura, que no haya iniciado un tránsito pacífico hacia la normalidad democrática. Pero este proceso ha requerido siempre el concurso de todos los estamentos sociales, un gran consenso entre todos los habitantes y la determinación de dar la espalda a los modos y prácticas dictatoriales, asumiendo las normas de la democracia. 

Para llegar a un acuerdo social y político, hay que cerrar la fractura que la dictadura ha producido en la sociedad: unos tendrán que pedir perdón por haber estado al lado del dictador y otros tendrán que intentar perdonar. Una verdadera reconciliación nacional, junto al acatamiento de la ley, al respeto de las opiniones de los demás, aunque sean contrarias a las nuestras, la convivencia en paz, el respeto y la observancia de los derechos fundamentales de las personas, serán las normas  básicas que orienten el nuevo estado democrático y de derecho.  


  
Por otra parte, parece imprescindible que el antiguo régimen, en el caso de Guinea una dictadura que preludia un destino fatal, de también un paso al frente y se predisponga a atender las demandas de democracia y libertad de un pueblo que repudia abiertamente la dictadura de Obiang Nguema. 
Existen muchas democracias en el mundo que se han podido fraguar después de la muerte del dictador, el ejemplo mas cercano fue el de la propia España, en la que el antiguo régimen permitió la apertura a las libertades. También la mayoría de los países hispanos, los denominados latinoamericanos, han llegado a la democracia desde dentro, siendo los propios regímenes dictatoriales los que lo permitieron. Tal es el caso de Chile, en el que la última dictadura militar liderada por Augusto Pinochet, entregó el poder  a las fuerzas armadas, y estas a su vez se lo entregaron al presidente elegido democráticamente, Patricio Aylwin. 
En Argentina, después del denominado Proceso de Reorganización Nacional, caracterizado por cuatro gobiernos consecutivos presididos por una Junta Militar (1976-1983), dio paso a la elección de Raul Alfonsín,  primer presidente democrático. 
Teniendo en cuenta la experiencia acumulada, no es nada disparatado iniciar en Guinea el camino que otros países han andado, apostando por una transición  pacífica, ordenada y tranquila, en la que estén implicados todos los guineanos, con el concurso de la comunidad internacional, que presionaría a la dictadura  para que permita la apertura democrática y actuaría de árbitro en el proceso.  
El revanchismo y el ajuste de cuentas entre la población o la actitud cada vez más violenta de un régimen dictatorial en plena descomposición, nos pueden llevar a los guineanos a un callejón sin salida y a una escalada de violencia, que haría imposible cualquier intento de normalización democrática.