domingo, 14 de junio de 2015

AGRICULTURA FAMILIAR PARA DAR DE COMER A ÁFRICA.


Por Juan Cuevas, Secretario de Formación del Partido del Progreso

El derecho fundamental a una alimentación adecuada y su importancia para el desarrollo, ha sido reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en posteriores declaraciones internacionales. A pesar  de ello, muchos gobiernos africanos, y muy especialmente el de Guinea Ecuatorial, no están haciendo nada para cumplir estas recomendaciones. Es más, los ingentes recursos económicos provenientes del petróleo y otras actividades, están siendo utilizados para lujos, caprichos y para sostener en el poder a la clase  política dominante. Mientras tanto los habitantes del medio rural y otros grupos igualmente marginados,  están sufriendo una gran carestía de alimentos, principalmente por el abandono de la actividad agrícola. Por otra parte, los altos precios que alcanzan los productos agrícolas importados, sobre todo de Camerún, se hacen inasequibles para una población con escasos recursos económicos.

Es inhumano que Obiang Nguema esté despilfarrando  los recursos de todos los guineanos, mientras abandona a una mayoría de población que ha quedado completamente excluida y abandonada a su suerte. Esta triste realidad nos empuja a encontrar entre todos el camino mas adecuado para acabar cuanto antes con la dictadura en nuestro país,  y para que al final, y como afirma el papa Francisco, “todos puedan beneficiarse de los frutos de la tierra, y no simplemente para cerrar la brecha entre los ricos y los que se tienen que conformar con las migajas que caen de la mesa sino, sobre todo, para satisfacer las demandas de la justicia, la equidad y el respeto a todo ser humano”.

Es necesario recordar que la seguridad alimentaria no será alcanzada, hasta que no desaparezcan los regímenes totalitarios, empezando primero por el dictador de Guinea Ecuatorial.  Después debemos de cambiar las estructuras sociales y las actitudes excluyentes, y mostrar una mayor solidaridad hacia los pobres y los que han sido marginados por la dictadura. El hambre y la desigualdad son problemas humanos que exigen soluciones basadas en nuestra humanidad común. Es inadmisible que, en pleno siglo XXI, y ante tantos avances en todas las áreas del conocimiento y de la técnica, un porcentaje importante de la población del continente africano no tenga garantizada una auténtica seguridad alimentaria.
            Armengol Engonga y Juan Cuevas en uno de los ensayos de huerto familiar

La agricultura familiar en África ocupa más del 40% de la población activa y supone el 90% de la actividad agraria en general. Comprende las pequeñas explotaciones agrícolas, ganaderas y pesqueras que se mantienen con mano de obra de la familia y que producen alimentos para su sustento, y, en ocasiones, excedentes que pueden comercializar. Esto significa que, en la medida en que hay producción familiar, hay un grupo de personas, generalmente numeroso, que puede alimentarse y, juntos, generar ingresos. Además, los pequeños productores suelen depender exclusivamente de lo que producen para alimentarse, porque no tienen otra fuente de ingresos, por lo que viven en permanente situación de inseguridad y son muy vulnerables a las crisis. Por eso, una de las medidas para luchar contra el hambre y la pobreza es la defensa de la agricultura familiar prestando especial atención a los pequeños agricultores, de quienes depende la alimentación de gran parte del mundo. Es necesario mejorar sus medios de vida y sus condiciones sociales para garantizar su seguridad alimentaria, la lucha contra la pobreza y el desarrollo socioeconómico de este sector de la población africana.

Para poder ayudar a los pequeños agricultores es necesario que las familias puedan tener a su disposición tierras o cultivarlas y disponer de los recursos necesarios para poder llevar a cabo una agricultura rentable. Por este motivo es necesario hacer -en Guinea Ecuatorial- una seria reforma agraria, para rescatar las tierras que 
han sido arrebatadas por la dictadura y entregárselas a sus auténticos dueños, así como, recuperar las tierras de cultivo que han sido invadidas por la salva y detener  de una vez la venta de grandes extensiones de terreno a gobiernos  extranjeros o a grandes multinacionales. La tierra es un recurso escaso que debe destinarse a aquellos guineanos dispuestos a sacarle su rendimiento, favoreciendo siempre los pequeña y mediana agricultura, especialmente la explotación familiar.

El futuro gobierno democrático, debe de poner a  disposición de los agricultores, tanto la tecnología, como las infraestructuras agrarias necesarias (caminos, captación de aguas, electrificaciones, etc), facilitando el acceso a la formación y a la capacitación profesional agraria y a sistemas de financiación adecuados. Sólo así la agricultura puede contribuir a garantizar la seguridad alimentaria duradera, procurando a las familias un medio de subsistencia que les permitan ser autónomos y dueños de su futuro.

La agricultura a pequeña escala, siendo el agricultor titular de sus tierras, tiene una productividad sorprendente. Un ejemplo lo tenemos en China, donde la pequeña agricultura (de titularidad privada) produce más del 20% de toda la producción agrícola mundial, o en la ya extinta URSS, donde la agricultura no nacionalizada, y que representaba el 5% del total de la superficie, producía el 50% de todas las hortalizas.

Favoreciendo la agricultura familiar, preservamos el medio ambiente, revitalizaríamos  los pequeños municipios e iniciaríamos  un modelo de crecimiento descentralizado y armónico, muy alejado de las grandes conturbaciones   tan generalizadas en África, que llevan consigo marginalidad y exclusión social.

 La ideología socialcristiana del Partido del Progreso y su mensaje cargado de solidaridad, de entrega a los demás, de honestidad, así como, el sentido del bien común que impregna toda su acción política,  que ya supuso un revulsivo para la sociedad guineana de hace 30 años y la más firme respuesta a la tragedia en la que vivía, y vive, el pueblo de Guinea Ecuatorial, será el mejor instrumento para revertir esta situación. Trabajamos con la ilusión de retornar en libertad, encontrarnos con nuestro pueblo y llevarle la buena nueva de la libertad, la dignidad y el desarrollo en todos los sentidos. Creemos que el desarrollo de la agricultura, de la pesca y las diferentes iniciativas rurales, serán factores claves para dignificar los guineanos que se encuentran en el medio rural, tanto los que viven en los centros  de población periféricos, como los que habitan los pequeños y alejados  poblados.